Brasil - Rio de Janeiro



Siempre he querido aprender Portugués
. La música Bossa nova, tiene un sonido relajante y hermoso. Quisiera entender lo que dicen las canciones... 

En enero del 2010 conocí a mi amiga portuguesa en París, Lara, en un curso de Francés, pero entre nosotras siempre hablábamos en inglés, para poder entendernos mejor. Después llegó Luana, de Brasil, y algunas veces entre ellas hablaban en portugués y yo no entendía nada.  En 2012 tomé algunas clases, pero no completé el curso y me arrepiento.  Después de esos acercamientos pasaron algunos años y mis intentos siguieron en pausa. 

Este año, en mi cumpleaños, me sorpendieron con un viaje a Rio de Janeiro, y yo no podía estar más feliz. Al fin conocería Brasil, y sólo tenía un mes para aprender algo antes del vuelo.  Entré a una clase gratis de un curso de Portugués en el centro cultural Dos Oriente (Viña), pero fue totalmente dedicada a presentaciones iniciales y metodología de cómo sería el curso. Comencé a llevar mi pequeño libro de aprende portugués en 5 días a todas partes, pero parecía más un diccionario.  

Ni modo, llegó el día del vuelo y yo solo sabía decir Bon dia y Obrigada, entre otros básicos.

El viernes 1ro de septiembre llegamos super cansados al aeropuerto de Río de Janeiro (Galeano). Después de pasar como 1 hora buscando WiFi y tratando de pedir un Uber al hotel (perdimos uno pensando que nos recogería en el primer piso y jamás lo encontramos, porque estaba en el segundo), por fin comenzamos el camino en auto, por una carretera por la cual pude divisar lo que imagino que eran favelas. Salimos de la isla donde está el aeropuerto, cruzamos algunos túneles entre montañas asimétricas y puntiagudas, que me parecieron muy surrealistas y llegamos al Hotel Majestic Rio Palace en la Rua Cinco de Julho, a 3 calles de la playa Copacabana. 

En la tarde-noche, salimos a almorzar-cenar, en un lugar muy green, llamado "Balada Mix", que al parecer tiene sucursales por todo Rio. Pedí una deliciosa ensalada césar con frango (pollo), porque el día anterior un asado chileno me había dejado sin espacio de seguir comiendo pesado. Me encantó el lugar, tenía relativamente buenos precios y mucha variedad.

Primer día de playa

El sábado 2 de septiembre despertamos temprano para bajar a disfrutar el maravilloso buffet-desayuno del hotel. Y no nos decepcionó. Había de todo: frutas, todo tipo de pan, incluyendo el famoso pao de queijo, yogurt, cereales, máquinas de capuccinos, chocolate caliente, espresso, huevos revueltos, caldo como de frijoles, y muuuuucho bacon. Después de esa maravilla, nos preparamos para salir y fuimos directo a la playa.
Caminamos por la costa, pasando por Copacabana, después Ipanema (pasando el fuerte) y finalmente nos instalamos en la playa Leblon. Un chico amable con un puesto de playa nos proporcionó las sillas, la sombrilla, la hielera con cervezas y las caipirinhas para mí (riquísimas, de maracuyá). Hay cientos de personas que a eso se dedican en las playas de Rio.

Después de varias horas conversando, tomando un rico sol y también siendo maltratados por unas olas bravas que había ese día, terminamos satisfechos y un poco mal asoleados (olvidamos el bloqueador).



Caminamos de vuelta al hotel, por unas veinticinco cuadras, y decidimos cenar en el lindo restaurante de pizzas que habíamos visto la noche anterior, Pappa Jack. Pizzas a la piedra con precios medianamente accesibles, pero riquísimas. Aparte del delicioso menú, tuvimos un mini concierto de bossa nova justo enfrente de nuestra mesa, un músico que amenizó la noche. Lo unico feo fue cuando por error casi me llevo la cobija tipo "chal" que ponen en las sillas para los clientes de afuera. Olvidé que la traía puesta y como a media calle me alcanzó la hostess, que parecía más avergonzada de pedírmela que yo de traerla puesta, que ya era mucho decir.

Jardín Botánico

El tercer día partimos hacia el Jardim Botânico do Rio de Janeiro (15 reais por persona). Un parque gigante, con palmeras y árboles infinitamente altos. En una esquina del parque está el Orquidario, con cientos de orquídeas de todos los colores y formas. Incluso había una feria de vendedores de orquídeas y un área donde estaba una premiación de las mejores orquídeas, con medallas y todo.

Desde el jardín botánico también se podía divisar el Cristo Redentor, Corcovado. Pequeño y lejano, pero icónico. Monumento y paseo que pensábamos dejar para otro día.

Después de nuestro recorrido turístico, experimentando y aprendiendo a usar la cámara GoPro que amablemente nos ofrecieron prestada para el viaje (el primer día en todas las fotos salía mi dedo), nos fuimos buscando almorzar, en el colindante sector de Leblon.

Guiándonos por la app Foursquare, y buscando comer algo tradicional-típico, llegamos a un restaurante sugerido, pero estaba algo caro (precios de más de 20 dólares por plato), así que terminamos en un lugar llamado Deli 43, o Pavelka, en la Ave. Ataulfo de Paiva. El menú era armable y probamos la Farofa, que es como entre arena y ¿couscous?, algo parecido (ésta tenía pedazos de chorizo mezclados), un sabor por decir algo: interesante.  

De ahí, caminamos unas cuadras por la costa de playa de Leblon, me comí 2 churros rellenos que hacía días que se me antojaban. Uno de dolce de leite y otro de chocolate. Pasamos a Beach Sucos, un local tipo sanwichería donde descubrimos que los precios baratos si existen allá, y por fin probé el famoso Açai, que venden en cada calle y cada playa. 

El cuarto día empezó como todos los demás anteriores y siguientes, con el buffet del restaurante del hotel. Aparte de ser rico y variado, yo llevaba 1 mes haciendo dieta y ahora era el momento de aprovechar. 

Salimos preparados para ir a la playa de Leblon, ya había un poco más de sol que los días anteriores (27 grados aprox). La playa estaba medio vacía por ser lunes, y nos instalamos cerca del "posto 11", para poder ir al baño si era necesario.  Encontramos buen lugar, tomamos muchas caipirinhas y almorzamos como a las 6pm en uno de los locales que están en la playa, ya en Copacabana. Aunque no encontramos el "almoço ejecutivo" que habíamos visto publicitado días antes, pedimos un plato con salmón, papas fritas y camarones empanizados para compartir.

Se acerca el final


Día 5: Se empieza a sentir el final de este lindo viaje, y decidimos usarlo para conocer más la ciudad. Llegamos a la zona de Lapa, donde está el acueducto carioca, que ahora es por donde pasa el tranvía que lleva a la zona de Santa Teresa. Por ese sector, había una mezcla de edificios antiguos y coloridos, y otros nuevos, de estilo corporativo. Fuimos a conocer la escalera Selarón, con miles de mosaicos de dibujos y pinturas históricas, fotografías, banderas, caricaturas humorísticas, etc. Vi uno muy bonito de El Principito con su amada flor. Nos tomamos algunas fotos, al igual que la multitud de otros turistas que ahí se encontraban.


Caminamos por esas calles buscando entrar a Santa Teresa, subimos por la calle del acueducto cerro arriba y vimos pasar el tranvía. Fuimos a la parada y encontramos una esquina de camino empedrado donde terminaba el puente y comenzaba una calle cerrada con casas antiguas muy bonitas. Nos pusimos a esperarlo un rato pero no pasaba de nuevo y estaba tan vacía la calle que al ver el cartel que decía "Zona de asaltos" en portugués, nos dio miedo. No alcancé a tomar ni una foto de las casas antiguas porque salimos de ahí por precaución.



Regresamos hacia calles más grandes y concurridas y pasamos por un concierto de jazz al aire libre, el centro cultural Odéon y el majestuoso teatro municipal con cúpulas color oro. Pedí un açai en una tienda de "sucos" y me lo tomé rapidísimo para ganarle al calor que amenazaba con derretirlo.


Entramos al museo de bellas artes, de construcción exterior e interior impresionante, con salas dedicadas a pinturas renacentistas, etc. Nos sorprendió ver una sala gigante completa dedicada a fotografías de la reciente visita papal, lo cual comprueba lo sumamente religioso que es Brasil.

De ahí, buscamos un sports bar para ver el partido Chile-Bolivia y terminamos en Boteco Cevada, donde conocimos el churrasco misto, la mejor elección que pudimos haber hecho. Nos sirvieron una plancha de metal con distintos tipos de carnes, bowl de frijoles negros (hola viejo amigo), plato de arroz blanco, papas fritas y un plato de la infaltable farofa también. Estuvo excelente y el mesero fue súper amable.

Pão de Açúcar

Llegó el día de conocer el famoso Pão de Açúcar. De nuevo pedí mal el uber y casi nos deja del otro lado de la montaña, pero antes de que fuera demasiado tarde le pedí cambio de ruta (todos los conductores de uber transmitían mucha amabilidad. Aunque solo decíamos mutuamente Bom dia y obrigado, se entendía que tal vez no hablaban español ni nosotros portugués).

La entrada del teleférico que sube al Pão de Açúcar, estaba en una zona muy linda de Rio, entre playas pequeñas, montañas y muelles con yates (iates allá). Compramos boletos para subir a ambas montañas (80 reales c/u). Cada teleférico era gigante y completamente rodeado de cristal para poder ver el paisaje por el cual íbamos atravesando. La primera parada es el Morro da Urca, ahí tomamos fotos y entramos a una sala grande con los antiguos y primeros engranajes del teleférico de hace poco más de 100 años. Videos y otros recuerditos llenaban las paredes (como la bolsita de biscoitos que venden en las praias). El Pão de Açúcar, la siguiente parada en teleférico y montaña más alta, tiene unas vistas increíbles, que permiten ver todo Rio de Janeiro, hasta el Corcovado. De ahí, también se puede bajar por unos senderos y explorar la vegetación del parque.

Para cerrar con broche de oro, fuimos a comer a lo que se podría llamar una picada (en Chile): "Flor da Urca", un restaurante sencillo donde pedimos algo parecido al día anterior , dos almuerzos que incluían como 3 platos c/u. Carne, pollo, papas fritas, arroz, frijoles, farofa (ya estábamos aprendiendo a encontrar restaurantes buenos y baratos).

Último día de playa

El jueves concluimos los días de playa y para cerrar nos pusimos en el posto número 9, en la zona de Ipanema. Cerca del local de bebidas y sillas de playa "Las barracas de Fernando". Ahí las cahipirinhas de maracuyá eran mucho más grandes pero también un poquito más caras. Lo que no teníamos calculado era que, al parecer, era día festivo, así que la playa estaba llenísima, verdaderamente repleta. Familias, jugadores de volley playero, mascotas, turistas, todos estábamos ahí conformando un mar de cuerpos en bikini. Por suerte encontramos un buen lugar y todo se disfrutó igual de bien. Tudo bem!

Esta vez no encontramos WiFi para regresar en Uber al hotel, pero caminamos y caminamos y encontramos otra "picada", Delirio Carioca, con 100 platos distintos entre 16 y 23 reales c/u. Nos gustó mucho.

Buscando souvenirs

Para el final se dejó la búsqueda de souvenirs. Localizamos una feria a un lado de la playa de Copacabana donde parecía haberlos (por internet), pero al llegar ahí no estaba, tal vez solo se pone los sábados y domingos. Fuimos por el "almoço ejecutivo" que queríamos comer a un lado de la playa, esta vez si lo encontramos.  

Caminamos hacia el hotel y de postre pasamos a Croasahno, un lugar donde sólo venden croissants, de 3 tamaños distintos, dulces o salados, preparados de mil formas distintas (casi). Pedí uno cubierto de chocolate blanco y m&m's. Buena idea de emprendimiento.

Descansamos un rato en la habitación, que encontramos limpia como todas las tardes y con refill de shampoos gracias a las amables personas que se dedican a esto en el hotel (después de muchos viajes de hostal y airbnb, son detalles que se extrañan).


A las 10pm salimos a cenar para despedirnos de Rio. Elegimos Churrascaría Palace, por recomendación de un amigo en instagram. Me recordó al Pampas de Tijuana por el buffet y los meseros circulando con espadas de Carne. El lugar tiene poco más de 60 años y tenía un mural muy lindo con todos los cantantes famosos de Bossa Nova. Ya no seguiré hablando sobre comida porque casi todo este post tiene comentarios sobre comida pero sí, fue la mejor manera de cerrar el viaje.

El regreso

Dormimos solo 3 o 4 horas porque salimos a las 4:00 am hacia el aeropuerto. Después de caminar del terminal 1 al 2 (por errores de comunicación con el de uber), llegamos al vuelo que nos llevaría a Sao Paulo y después a Santiago de Chile.  

Todo bien en el primero, volamos con Avianca y fue muy cómodo. El segundo vuelo incluía cruzar la cordillera y todo iba bien hasta que empezamos a pasar por una turbulencia. En verdad nunca había sentido algo así. Subíamos, bajábamos, parecía un terremoto y de repente lo que se sintió como una mini- caída libre casi me hace llorar del miedo.  El señor brasileño que iba a mi lado izquierdo al parecer me quiso consolar un poco mostrando que ya íbamos llegando por el mapa que yo iba viendo en mi pantalla de enfrente.

Al parecer es lo normal al cruzar por la cordillera en temporada de invierno. Todos nos asustamos un poco y al aterrizar el vuelo aplaudieron. 

Llegamos al aeropuerto y por fin no tuve que hacer la fila eterna para cruzar en migración, con mi recién otorgado carnet chileno (de extranjera), pude pasar por la fila de residentes. 

Fue un gran viaje y espero poder volver pronto a Brasil.




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