Viajé por LATAM airlines, intentando llevar solo lo justo en la maleta (porque iba a varias ciudades/hostales) Llegué a Puerto Montt, aeropuerto el Tepual (el principal aeropuerto de la Región de los Lagos).

Llegué a un hostal un poco alejado del centro, pero barato y con habitación amplia. Siendo domingo en la noche costó un poco encontrar donde cenar, parecía un pueblo fantasma, pero llegando a la zona del terminal de buses encontramos un pequeño restaurante familiar "Ali". Pedimos una chorrillana (plato de papas fritas cubierto con varios tipos de carnes y un par de huevos estrellados encima), tenía 5 lb de papas y 5 lb de carnes. Terminamos sin poder más y volvimos al hostal.
Lunes, 6 de febrero:
El segundo día de nuestro viaje al sur empezó con el desayuno incluido en el comedor del hostal San Nicolás, había salamandras (chimeneas pequeñas) encendidas y comimos mucho pan con mermelada y jamón. De ahí, partimos hacia Frutillar desde el terminal de buses de Puerto Montt. Salen pequeños furgones casi cada 5 minutos hacia todos los destinos cercanos, y no es caro, nos costó 2.000 pesos hasta allá.
Frutillar es un must si pasas por Puerto Montt. En la parte baja, frente al lago Llanquihue, puedes divisar una montaña nevada justo al centro, el volcán Osorno. Las casas son cabañas estilo alemán, todas adorables y parece que hasta el más pequeño detalle fue cuidado y pensado por sus habitantes. Pequeños duendecillos y otros curiosos adornos se asoman desde las ventanas y hasta los botes de basura tienen un pequeño tejado estilo alemán. Caminamos por el lindo borde costero, pasando por ferias artesanales donde ofrecían quesos, licores con extracto de miel, maqui (Aristotelia chilensis o maqui, es una especie botánica de planta fanerógama de la familia de las elaeocarpáceas, propia de Chile y zonas adyacentes del sur de Chile), café, cremas y aceites antioxidantes, miel de ulmo, chocolates, salmón deshidratado, cervezas artesanales y lana en todas sus presentaciones.
Un teatro omnipresente y majestuoso es el único recinto que se sostiene sobre estructuras en el borde costero del lago Llanquihue, dando un giro moderno al paisaje vintage. Una de las pequeñas calles de Frutillar bajo, alberga food trucks cubiertos de madera que ofrecen almuerzos rápidos, postres y café. Dan ganas de tomar fotos a cada esquina y cada local.
Después de ver múltiples opciones para comer, buscando el mejor precio y variedad, nos paramos en un pequeño restaurant detrás del gimnasio municipal, el Viejo Tiroles.
No fue la mejor de las elecciones en cuanto a vista del paisaje, pero el menú (6.000 cl) estuvo excelente, como en todos los demás, ofrecen pan con pebre al sentarte y después una entrada de ensaladas y el plato de fondo, elegí Salmón y de postre hubo Kuchen, típico de Frutillar.
Me quedaron ganas de volver en invierno, para aprovechar su ambiente tan acogedor.


De camino de regreso a Puerto Montt bajamos a Puerto Varas, una ciudad mas grande e industrializada pero también cubierta de madera y cabañas rústicas. Desde el enorme lago se ven dos volcanes, el Osorno y Calbuco. Caminamos por la costa y llegamos a un lindo lugar con terrazas y mesas de canastos. Pedimos unas tablas de empanadas de queso azul- jamón con peras y otras de prieta (morcilla) con queso. Pedimos la cerveza artesanal local -Chester- que parecía ser de trigo y lúpulo, muy espesa y rica.

Nuestro alojamiento esa noche en Puerto Montt fue en el Hostal Fx, (si buscan precio barato es una buena opción, aunque no respetan el precio de Booking sino que agregan unos 4000 pesos de impuestos que no supimos a qué correspondían). En total pagamos $25.000. La recepcionista fue muy amable y el cuarto espacioso, pero no había secador de pelo y no encontraron el control remoto de la tv. Parece que a la gente le gusta robárselos. El comedor tenía cocina para usar, así que comprando provisiones puedes preparar tu propio desayuno, ya que no lo incluye.Martes 7 de febrero:
Por suerte teníamos el pasaje a Castro comprado desde el día anterior ($6.000 c/u) así que bajamos las 2 cuadras hacia el Terminal de buses y nos subimos corriendo con un par de sandwiches en la mano. Bajamos un par de ciudades hasta Pargua, desde donde comenzaba la parte del trayecto que cruza el mar, sin darme cuenta subimos con todo y bus a un transbordador y en pocos minutos estuvimos bajando a la isla de Chiloé en el mismo bus.
A partir de ese punto todo el paisaje desde la ventana fue constantemente verde, cabañas de todo tipo: pequeñas, grandes, nuevas, viejas pintorescas, abandonadas en medio de la nada, con chimeneas encendidas, con ovejas, vacas y caballos.
El primer punto de llegada en Chiloé fue el imperdible Castro, la capital, con la mas grande de las 12 iglesias de la isla, nombradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Tuvimos suerte en el alojamiento de ese día porque encontramos espacio en un palafito típico pintado de rosa y amarillo, sostenido sobre el mar junto a otros palafitos en un sitio turístico de Castro. Un bote lleno de turistas pasó al frente de la terraza, tomando fotos y saludando. La dueña de las cabañas Capitán Cheve, Violeta, justo ese día había hecho un descuento porque le habían cancelado una noche y sobre el precio ya reducido, tuvimos $20.000 de descuento por nuevo usuario Airbnb, así que al final pagamos $30.000 por esa noche. El palafito tenía 2 cuartos, una sala comedor, cocina y baño.

Esa tarde fuimos a buscar provisiones y pasear un poco por Castro, fuimos a ver la iglesia patrimonial San Francisco de Castro y la plaza de armas, y después traicionamos un poco nuestros principios yendo al supermercado "Lider" del nuevo mall que Castro no pidió, pero que lleva un intento de semblanza a la arquitectura del resto de la ciudad. Ahí conseguimos cervezas artesanales oscuras y todo lo necesario para una cena con lasaña y para el desayuno en el palafito.La cena fue un éxito gracias a todos los utensilios necesarios que Violeta (host Airbnb) tiene en la cabaña y a un par de interesantes documentales de History Channel, después de bajar a ver las estrellas sobre el lago y lo mucho que la marea había probado la utilidad de la altura de los palafitos descansamos esa noche para planear nuestro siguiente paso.
Miércoles 8 de febrero:
Es una pena tener que dejar un alojamiento a las 11am cuando es tan bello y cómodo, pero ni modo, Violeta tiene todas las cabañas reservadas por semanas y semanas y a precios de $64.000 pesos chilenos la noche, los cuales sin duda valen, pero no están en nuestro presupuesto.
Después de nuestro pan tostado con quesos del sur y jamón ahumado empacamos todo de nuevo y me llama por teléfono el dueño del siguiente alojamiento. Ofrece pasar por nosotros a la calle de las cabañas Capitan Cheve. Nos sorprende el gesto y aceptamos.
Por error de Booking nos tocó en una pieza con dos camas y sin vista a nada, en medio de todo el ruido de los demás pasajeros de la crujiente cabaña, pero al menos es privada y no es muy cara ($22.000). Dejamos nuestras maletas y desde la esquina nos dirigimos en colectivo ($500 c/u) hacia el terminal de buses, compramos un pasaje en bus dirección Dalcahue, otro pueblo típico, desde el cual se ve la isla Curaco de Vélez.
Dalcahue nos recibe con música de Joe Vasconcellos en unos parlantes frente al mercado de artesanías y lana, donde mas tarde habrá un concierto. Paseamos buscando un almuerzo típico, y con esa intención llegamos hasta el último local de la pequeña costa. Un curanto (platillo típico del sur de Chile) y un salmón. Nos entregan una gran bolsa llena de conchas blancas y moradas llenas de un viscoso material marino, papas con su cáscara, trozos de cordero y encima, un par de masas (Milcaos). Ése lugar es ideal para comer salmón, siendo Chiloé uno de los principales exportadores de ese tipo de pescado aparte de Noruega.

Seguimos paseando y conocemos la pequeña plaza y nuestra segunda construcción patrimonial, la iglesia "Nuestra señora de Dolores". Al entrar todo cruje y cuesta creer que mas de un siglo después siga en pie una construcción de madera tan grande en un país asechado constantemente por incendios y temblores (fue reconstruida recientemente). Algunas lápidas de mármol blanco se pueden observar en sus paredes, con mensajes que inconsolables familiares dejaron a sus difuntos en los 1870's.


Encontramos un pequeño café místico que promete toda clase de pastelillos y bebidas calientes y elegimos la enorme mesa junto a la ventana, que parece sacada de un cuento de duendes y hadas. Todas las paredes se encuentran cubiertas por cuadros y adornos hechos de lana que también se venden. Fernando pide un kuchen y un café, yo un chocolate caliente. El kuchen se veía y sabía tan rico que me robo casi la mitad.

Antes de partir de Dalcahue pensamos en cruzar a ver la isla de al frente que cuenta con numerosas construcciones patrimoniales, subimos a un transbordador de buses a pie, lo cual puede hacerse gratuitamente, y rápidamente estamos del otro lado. Sin embargo no calculamos que Curaco está a 8km, nada cerca para llegar a pie, así que después de subir un rato la pendiente desistimos y comenzamos el regreso. Al menos pudimos tomar algunas buenas fotos de Dalcahue desde ahí y hacer un poco de ejercicio.

Después de eso, tomamos el bus de vuelta a Castro y caminamos desde la Plaza de Armas hasta el alojamiento de Don Ale para apreciar las vistas del otro lago con palafitos al que no le llega tanto el agua. Después de tanta caminata el sueño y el cansancio no tardan en aniquilarnos justo al llegar.
Jueves 9 de febrero:
Para este día reservamos la parte mas aventurera del viaje y tomamos un bus de Castro a Cucao, el parque Nacional de Chiloé. Como todos los parques nacionales de Chile hay precios distintos para nacionales y extranjeros. Es un parque gigante y vale la pena si tienes todo el día para recorrer. Al llegar, decidimos comenzar por el almuerzo, había un restaurante de comida típica al frente de la entrada del parque, donde dejamos las maletas en custodia. Pedí un almuerzo ($7.000) la opción que tenía carne de res, estofado de Vacuno. Llegó a la mesa lo que parecía la mitad de una vaca acompañada con puré de papa. Las porciones ahí son enormes.
Elegimos un sendero sencillo para nuestra pequeña travesía por el parque, el sendero sencillo resultó ser de mas de 1 km, con vistas al lago, trekking entre los arboles de un bosque secundario, que en sus letreros mencionaba que era una parte del bosque que había nacido después de un gran incendio y aun así era impresionante. Después de caminar un rato entre los árboles el camino se convirtió en un piso de madera que se elevaba entre las plantas nativas y la vegetación ahora era distinta y baja, permitía ver a lo lejos las grandes montañas llenas de árboles. Otro sendero que tomamos fue el de la ranita de Darwin, llamada así porque Charles la descubrió ahí, en el viaje que hizo por todos estos territorios nombrando especies.

Después de una dosis suficiente de naturaleza😥 regresamos a tomar el autobús, porque nuestra siguiente parada era incierta y lejana: Quellón.

Nos recomendaron tomar la ruta 5 para llegar a Quellón pero al pasar por ahí nos pareció demasiado en medio de la nada, así que decidimos bajar en Chonchi y ahí tomar un bus a Quellón. Resultó buena idea porque aprovechamos de conocer Chonchi, su estructura patrimonial: "Iglesia Nuestra Señora del Rosario" con las mismas características de los otros templos de Chiloé, en su correspondiente plaza principal: la solitaria torre-campanario, los alegres colores pastel, el techo a dos aguas y el pórtico con arcos puntiagudos.Después de pasar por el mercado municipal pasamos a un café recomendado por trip Advisor, la ventana de Elisa, donde comimos un pastel de chocolate hecho con -cerveza stout y queso crema, y nos tomamos un par de cafés.
El camino a Quellón duró 2 horas y costó $2.000 pesos a c/u por Cruz del Sur. Llegamos al hotel Tierra del Fuego, que estaba a dos calles del terminal, frente al mar y con un grande restaurante en el primer piso.
Viernes 10 de febrero:
En Quellón, la ciudad mas al sur de Chiloé, no había mucho atractivo arquitectónico ni actividades, tal como nos advirtieron, pero justo a un lado está el Parque Nacional Tantauco y al sur hay varias islas que esperamos visitar la próxima vez que volvamos.

Ese día, encontramos un pequeño restaurant llamado Mitos que tenía 9.2 de calificación en Foursquare. No nos defraudaron las recomendaciones. Está ubicado justo en la calle frente al mar, con unas esculturas de piedra al frente simulando colas de sirenas. Las mesas, de todas las formas y tamaños, eran de madera, al igual que el resto del local. Bancos, sillas y sillones estaban cubiertos de tapetes y cobijas de lana. Tarros gigantes de madera llenos de cubiertos al centro y chimeneas tipo salamandra por todos lados, al centro una barra gigante y detrás de ella la cocina al descubierto para mostrar como hacen las pichangas.
Cuadros de iconos famosos desde Marilyn Monroe hasta Pablo Neruda enmarcados con troncos de madera en las paredes junto con toda clase de artesanías chilotes y chilenas en general. Un dúo de música folclórica entró al local y tocó varias cuecas. Además de su concepto tan original, la comida era abundante y el menú muy rico, incluyendo las salsas caseras y el pan que te ofrecen sin límites. Sin duda fue mi restaurante favorito del viaje.
Después del recorrido por la costa, nos subimos al Cruz del Sur ($4,600 c/u) que nos llevó de sur a norte nuevamente, para finalizar en Ancud.Al llegar y después de una búsqueda exhaustiva de último momento en Airbnb, elegimos las cabañas Isla Mágica, que tienen vista al mar y están super equipadas ($51,000).La dueña es una mujer super amable y preocupada por sus pasajeros, nos hizo recomendaciones y entre ellas aconsejó ir a las pingüineras que están a 28km. Dijo que los tours costaban $25.000 pesos chilenos.


Salimos a buscar un supermercado, después de pasar un pequeño castillo, un lindo borde costero y plaza de armas. Como ya eran las 9:45pm el Unimarc estaba cerrado, pero encontramos uno local, el P&P, "al servicio de Ancud", dice su slogan, encontramos todo lo necesario y sí, era muy barato.
De regreso a la cabaña, había una pequeña pizzería, y pedimos una para llevar. Fue una gran cena, la pizza, mitad parrillera y mitad pollo con crema y pimientos, estuvo deliciosa, con masa delgada e ingredientes abundantes. Así cerramos este viaje porque al día siguiente teníamos que volver a Puerto Montt y tomar el vuelo de regreso a Santiago y de ahí a Valparaíso.
Sábado 11 de febrero:
Espero en otra ocasión poder visitar las pinguineras, los otros Parques Nacionales e islas que faltaron, ya que es muy extenso todo para verlo en 6 días. Después de 5 años con el propósito de conocer el sur de Chile, por fin pude venir, y lo disfruté muchísimo.💕








Muy buena descripción de este viaje por sitios inimaginables en el Cono Sur del continente. Para personas como yo, que vivimos tan lejos, resulta placentero poder sentir a través de tus palabras lugares frescos, contemporáneos y a la vez tan ancestrales. Una crónica de mucha utilidad para cualquier viajera o viajero, que disfrute del buen comer, sin lujos innecesarios.
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ResponderEliminarQue hermoso viaje. Gracias por compartir tantos datos. Sigue disfrutando. Abrazo enorme❤️
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