Viña del Mar

Cada día me queda menos tiempo en esta bella ciudad, en este lindo país. Y me da tristeza porque aquí me siento como en casa. Ya después de 3 meses y medio, me acostumbré hasta a la comida ( pero con una buena reserva de salsas mexicanas, eso sí). A la gente y a su manera de hablar. Todos han sido muy amables conmigo, me han respondido a todas mis preguntas, y siempre salen de su camino para ayudarte.
En todos lados confían en tí, se puede entrar con una mochila "sospechosa" a museos, supermercados y cines; se puede comer en restaurantes y puestos callejeros sin que estén siguiéndote para que pagues, hasta que tu decidas ir a la caja a pagar.
Tampoco se ven casos de policías (carabineros) corruptos en el día a día como si fuera algo "normal". Suelen andar a caballo por la calle y te puedes tomar con ellos las fotos que quieras.

En la calle la gente saluda y por lo general es amable. Aunque algo que no esperaba es que los hombres en la calle suelen chiflar mas constante e incómodamente que en Mx cuando las mujeres pasan.
Pero bueno, por otro lado, hay muchos adultos mayores transitando apaciblemente, parecen inmersos en sus pensamientos y recuerdos mientras pasean con sus pequeños perritos, o de la mano de sus eternas compañeras de vida, cuidándose los pasos mutuamente, o a veces incluso en bicicleta.

Aquí el amor sí que parece estar en el aire, se ven parejas de novios (pololos), besándose en "la micro" (el camión), en el parque y en todos lados..

Los perros callejeros aquí parecen vivir muy felices, corren y juegan en libertad por la playa y los parques, por las avenidas... Y todo el mundo los acaricia y les dona vestimenta canina, suelen lucir collares como si tuvieran dueño.

Viña del Mar huele a mar y huele a árboles.

Ya sea acampando en la montaña, ó entre amigos en la "U", ó recostándose en el pasto del jardín Botánico, viendo el atardecer y el Castillo Wulff desde la playa, desde la cima de el cerro mas alto del reserva nacional La Campana, las montañas nevadas de la cordillera de los Andes, viendo un eclipse en las Dunas de Concón, o en los lagos y cascadas de Pucón, bebiendo un borgoña en una peña de Quilpué, ó subiendo por un elevador las colinas de Valparaíso.. Chile te recibe con los brazos abiertos.

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